La eliminación en las semifinales de la Champions League a manos del Barça ha dinamitado el vestuario del Real Madrid. La unidad ficticia que había construido José Mourinho en base al resultadismo se ha desmoronado en cuanto ha llegado el primer KO importante. Es lo que suele ocurrir cuando todo tu proyecto va en función del luminoso. Y la derrota, en esta ocasión, ha sido sangrante y ha dejado secuelas muy difíciles de superar.
La principal, es la ruptura sin vuelta atrás entre el entrenador y la máxima estrella madridista, Cristiano Ronaldo. El delantero cambió Old Trafford por el Santiago Bernabéu para engordar su currículum colectivo e individual. Y había contemplado la llegada de Mourinho como el bálsamo para acabar con la hegemonía del Barça y el impulso que necesitaba para imponerse en su duelo particular con Leo Messi por convertirse en el mejor futbolista del planeta.
Cuatro `clásicos¿ y 18 días después, Cristiano se ha dado cuenta de que todo era una mentira y que con los planteamientos de técnico menor y equipo pequeño de Mourinho va a seguir a la sombra blaugrana y del argentino. Ronaldo es consciente que en esta semifinal de Champions League se le han escapado de nuevo el máximo título continental y, de rebote, el Balón de Oro.
Pero la gota que colmó su paciencia fue su ausencia ante el Zaragoza, un castigo por sus críticas a los planteamientos ultradefensivos de Mourinho. Cristiano pelea por el trofeo de máximo goleador con Messi y contemplaba el duelo ante el conjunto blanquillo como una oportunidad para recortar distancias. El delantero entró en cólera cuando se vio fuera de la convocatoria y desde entonces ha bajado su rendimiento en los entrenamientos y no ha vuelto a cruzar palabra con su entrenador.
Fuente: sport.es