El Barça se convierte en el mejor visitante de la historia de la Liga.
Las calificaciones en el último examen del curso eran lo de menos. Al Málaga le valía con un aprobado raspado después de lo sufrido hasta la semana pasada. Salió a buscar nota ante un Barcelona retocado con jugadores del filial. Con lo que tuvo le bastó para ganar con claridad (1-3) un partido que supuso el adiós de Arnau y un nuevo récord, el de equipo con más victorias a domicilio de la historia de la Liga (14).
La final de Wembley pesa en el ambiente de la plantilla. El Barcelona no quiso tomar riesgos y propuso al Málaga un partido en tono menor. Ni siquiera el escaparate de la titularidad alteró los nervios de los novatos alineados por Guardiola. En general hicieron un partido discreto, pero firme.
La empresa no fue fácil una vez que el Málaga tomó delantera con un gol de ese delantero inquieto que es Seba Fernández. Fue después de media hora insulsa.
El centro del campo azulgrana fue un canto al futuro. Fontás, Sergi Roberto y Thiago llevaron el timón del equipo. No se impusieron con claridad ante un Málaga que presionó más y mejor.
El mejor espejo para los novatos fue Bojan. Portó el brazalete de capitán y, además, ejerció. Mantuvo su desatino ante la portería rival, pero fue decisivo para empatar el partido tras un penalti claro que le hizo Eliseu a punto de alcanzar el descanso.
El Málaga intentó sorprender al Barça tras el paso por vestuarios. Le hizo apretar los dientes en defensa sin obligar demasiado a Pinto. Guardiola pidió a los suyos toque y parsimonia para adormecer a una fiera a la que aún le escocía un penalti que le pareció discutible.
El gol de Afellay apareció de la nada. El holandés desperezó el duelo con un disparo desde fuera del área con el que coló el balón templado y raso en la portería de Willy Caballero.
El desinterés por los puntos le restó sentido de justicia al marcador. Lo que debió quedar en tablas terminó en apunte de goleada cuando Bartra cabeceó el 1-3 en una jugada de córner iniciada por Dani Alves. Quedaban apenas seis minutos para el final.
Entonces Pellegrini aprovechó para dejar que Arnau rellenara su última estadística como jugador profesional. El destino le permitió un broche perfecto ante el equipo en el que se formó. El guardameta se retiró a los 36 años con los dos equipos de su vida como testigos. (marca.com)