Crónica de la segunda semifinal de la Champions League FC Barcelona 1 - 1 Real Madrid

Del lado blaugrana, la alegría que causó a todo el mundo la convocatoria de Eric Abidal se erigió como metáfora de la resurrección planteada por Pep Guardiola una vez perdiera la Copa del Rey. El defensa francés y Andrés Iniesta, las novedades entre los 20 convocados, 14 de los cuales, canteranos. Así saltó al campo el Barcelona: Valdés; Alves, Mascherano, Piqué, Puyol; Xavi, Busquets, Iniesta; Pedro, Messi, Villa.

En cuanto al Madrid, los ausentes, lesionados y las obligaciones para cambiar el concepto, ofrecían pocas dudas a José Mourinho. Kaká u Özil, dos delanteros o trivote con Granero, eran algunas de las escasas variantes para un partido que, sin ruborizarse, el alter ego mediático de Mou, Aitor Karanka, calificó como de “segundo plano”. Finalmente y con Pipita como gran novedad, el once inicial merengue fue el compuesto por: Casillas; Arbeloa, Carvalho, Albiol, Marcelo; Xabi, Lass; Di Maria, Kaká; Higuain y Cristiano.

El gesto adusto del saludo inicial dio paso a que la pelota corriera como nunca en éste, el clásico que todos querían ganar. La tensión, el miedo al abismo del triunfo y la derrota se palpaba en el ambiente. Movía el Barça el balón y jugaba mientras el Real Madrid iba a buscar el partido como nunca antes en la era Mourinho frente a los culés.

Los merengues no tenían otra opción que apretar bien arriba y adelantar todas sus líneas. El Barcelona, por su parte, no se desesperaba y continuaba con su juego-control. Poco a poco, la medular de Guardiola se encontraba en la circulación y Messi volvía a mostrarse en zona de nadie, desde donde encaraba y forzaba la amarilla de Carvalho.

Los locales, cada vez que rompían la línea de presión madridista, eran objeto de faltas tácticas. El tiempo pasaba y el Madrid no conseguía llevar peligro, ni mucho menos el gol que lo metiera de lleno en la eliminatoria. Todo se volvía blaugrana con cada minuto que transcurría. La primera ocasión llegó a la salida de un córner en el que Busquets cabeceó solo, aunque forzado, a las manos de Casillas. Presión y marca contra presión y marca hacían un partido tremendamente agresivo pero con poco fútbol. Todos corrían y se prodigaban en las ayudas defensivas.

En este hábitat, el Barça, con dos goles arriba, no corría riesgo y a la espera de su jugada decisiva. Casillas volvió a aparecer para tapar un buen remate de Leo que, minutos después acarició el gol pero su remate se fue apenas desviado. Villa tuvo la siguiente y Casillas, ya el Santo, lo impidió de nuevo con una gran parada. Estaba más cerca el Barcelona que saboreaba el gol en un partido de ida y vuelta. Kaká no aparecía y nos fuimos al descanso con los de Guardiola mereciendo la victoria y clasificados pero con nada resuelto.

Ya en el complemento, y sin variantes, el Real Madrid salió a por todas y en una arrancada de Cristiano, Higuaín consiguió marcar pero De Bleeckere anuló el tanto por una falta previa del portugués sobre Mascherano. Mourinho ya tenía el “si marcamos nos lo anularán”, pero lo justo habría sido pitar falta sobre Cristiano. El Barcelona no encontraba la pelota y, por tanto, tampoco el control del juego. Eran los minutos del Real Madrid y Gerard Piqué se mostraba sólido en cada cruce y despeje.

Sin embargo, y en el mejor momento del Real Madrid, el juego blaugrana encontró su recompensa conceptual y un pase impresionante de Iniesta puso a Pedro cara a cara con Casillas, el gol y Wembley. El canterano no falló y puso el 1-0 que metía al Barcelona, de lleno, en la gran final de la Champions League.

Karanka mandó al campo a Özil y Adebayor por Kaká e Higuaín. En un ataque merengue, Di María estrelló la pelota al palo y en el rebote, Marcelo consiguió el 1-1 que traía la esperanza al seno madridista. El Camp Nou se silenciaba con la igualdad visitante aunque aún necesitaban dos goles más para eliminar al Barça, algo que no consiguió. Keita por Villa y partido cerrado.

El encuentro acabó con la inequívoca sensación de que el conjunto que mejor juega y más busca, tuvo su merecido pasaje a la final ansiada. El fútbol de cantera y ofensivo volvió a vencer todas las dificultades propuestas por un enorme rival que sólo bajó los brazos cuando no pudo más. Un Real Madrid valiente intentó hacer lo que pudo pero ya era tarde para grandezas de última hora. El Barça hizo lo de siempre, respetar su naturaleza y no traicionarse jamás, Abidal en el campo incluido. Es el triunfo de las convicciones, sin lugar a la menor duda.
Fuente: goal.com